domingo, 14 de noviembre de 2010

Suicide.


No, ya nada es lo que era. Todo cambia. No sé si es el mundo el que cambia o soy yo la que le ve de otra manera. Pero cada vez aparece más mierda. He pensado tantas veces en recurrir al suicidio... Pero, ¿por qué coño sigo aquí? ¿Por qué diablos no he desaparecido todavía? Joder, ¿tan cobarde soy?, ¿no puedo tomarme un puto bote de pastillas o que pasa? Tal vez sí, soy una cobarde. Pero no le temo a la muerte, a lo que le tengo miedo es a seguir viva, después de haber intentado suicidarme. Así que al fin y al cabo, sí, soy una cobarde. Una cobarde que algún día de estos acabará con su vida y por fin descansará y desaparecerá.

martes, 9 de noviembre de 2010


Como presentí, duró poco la euforia. Una vez más se vuelve todo mierda, todo negro, todo oscuro. Veo a las demás personas, a las que están a mi alrededor y me pregunto: ¿Por qué me ha tocado a mi? Pero mira, las palabras ya no me causan el efecto de antes. Ya me da lo mismo lo que me diga el vecino de la esquina, o el gilipollas del instituto. Las únicas palabras que me hacen daño son las mías propias. Así que, que te den, a ti, a ti y a ti también.

sábado, 6 de noviembre de 2010

(:


Hoy es unos de esos días en los que me siento eufórica, de esos en los que río sin sentido, esos en los que bailo cuando escucho una canción, en los que hago locuras... Pero sobre todo, el primer día que no siento ganas de morirme, de cortarme, de tomar pastillas. Un día en los que creo que la vida tiene sentido, en los que demuestro que me siento bien, en los que no fastidio a las personas. En los que mi sonrisa por primera vez en mucho tiempo NO es fingida. Solo tengo una pregunta. ¿Cuánto durará este sentimiento? Porque tengo la sensación de que nunca dura demasiado.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Ana.


-¿Por qué coño no puedes olvidar el pasado y vivir como todo el mundo, no puedes ser feliz, joder?
-Tú no lo entenderías, no puedo y punto.
-Dime por qué.
-¿Sabes esas pequeñas cicatrices que en unos días se van y no queda rastro de ellas?
-Sí...
-Esas son las que todo el mundo tiene, las de una vida normal y corriente. ¿Sabes esas que son de una enorme caída y que no se van? De esas que la cicatriz se queda ahí, recordándotelo toda la vida.
-Sí, supongo. ¿Qué me quieres decir con esto?
-Que las mías son de las segundas, de las que no se van. Aunque quisiera olvidar el pasado, no podría. Tengo mil marcas que me lo recuerdan día tras día, y las que quedan por hacer...