martes, 9 de noviembre de 2010


Como presentí, duró poco la euforia. Una vez más se vuelve todo mierda, todo negro, todo oscuro. Veo a las demás personas, a las que están a mi alrededor y me pregunto: ¿Por qué me ha tocado a mi? Pero mira, las palabras ya no me causan el efecto de antes. Ya me da lo mismo lo que me diga el vecino de la esquina, o el gilipollas del instituto. Las únicas palabras que me hacen daño son las mías propias. Así que, que te den, a ti, a ti y a ti también.

2 comentarios:

  1. si en el fondo sabesmos que las palabras de los demas nunca nos hizo daño
    lo que siempre nos ha echo daño son las nuestras
    y no querernos, eso nos mata cada dia mas
    un beso, preciosa!

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  2. gracias por leer y comentar :)
    un besito!

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